No se trata de llegar primero, se trata de no rendirse nunca- Nigel Mansel
Empujar hasta la meta: la voluntad sostiene una marca.
Era el año 1984. Las radios estallaban con Footloose de Kenny Loggins. Todo el mundo quería moverse al ritmo de la libertad.
Los cines estaban llenos con Ghostbusters, y en los cuartos adolescentes, los pósters de Michael Jackson y Madonna cubrían las paredes como estandartes de una nueva era.
La Macintosh acababa de nacer, con su pantalla en blanco y negro que prometía revolucionarlo todo.
Ronald Reagan hablaba duro, la Guerra Fría seguía congelando la política mundial… Y en el Gran Premio de Dallas, Nigel Mansell se quedó sin gasolina en la última vuelta, muchos pensaron que todo estaba perdido, pero él no se rindió: se bajó del auto y comenzó a empujarlo, libras y libras de metal contra el sol abrasador de Texas, el público, de pie, no podía creer lo que veía. Mansell llevó su Lotus 95T hasta la línea de meta, y al cruzarla, cayó inconsciente sobre el asfalto ardiente. Ese día, un piloto de Fórmula 1 dio al mundo entero una lección: si alguna vez piensas en rendirte, recuerda a Nigel Mansell… y sigue adelante.
Durante años lo llamaron “el rey sin corona”. En 1986 perdió el título por la explosión de un neumático. En 1987 una lesión lo dejó fuera. En 1991 volvió a ser segundo. Pero rendirse nunca fue opción para él. En 1992, al mando de un Williams imparable, arrasó: ganó 9 de las 16 carreras del campeonato y por fin se coronó campeón del mundo. Después cruzó el Atlántico, se fue a la IndyCar y ganó el campeonato en su primer año —algo que nadie más ha logrado. Nigel Mansell no solo corrió. Luchó, cayó, volvió… y se convirtió en leyenda. Un ejemplo eterno de perseverancia y voluntad.
En 1984, Nigel Mansell se quedó sin gasolina en la última vuelta del Gran Premio de Dallas. Muchos pensaron que todo estaba perdido. Pero él no se rindió: se bajó del auto y empujó su Lotus bajo el sol abrasador de Texas hasta cruzar la línea de meta. Esa imagen es más que un episodio deportivo: es una lección de vida. Lo mismo ocurre con un emprendedor, con una startup o con la construcción de una marca. Nada te salva de las caídas, los empujones ni los altos y bajos. Y, en realidad, ahí está la mejor escuela: aprender en medio del tropiezo. Como dice Eric Ries, autor de The Lean Startup: “El éxito de una startup no está en evitar los fracasos, sino en aprender rápidamente de ellos.” Una startup, recuerda Steve Blank, es “una organización temporal diseñada para buscar un modelo de negocio repetible y escalable.” Esa búsqueda no es lineal ni perfecta: significa experimentar, fallar y reajustar hasta encontrar el camino.
Y, como bien afirma Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn: “Si no sientes vergüenza de la primera versión de tu producto, lo lanzaste demasiado tarde.
El desarrollo de un producto puede ser tan complejo que, en el intento, se termina creando un mercado nuevo. Y eso no es tarea fácil. Exige conocer las reglas, entender los límites y aprovechar las ventajas del terreno de juego para no caer en círculos viciosos. Aquí conecta la visión de Marc Andreessen: “En una startup, solo una cosa importa: lograr que el producto encaje con el mercado.”
Pero el camino no es solo técnico. También es profundamente humano. Ben Horowitz, en The Hard Thing About Hard Things, lo resume así: “La lucha es donde encuentras quién eres realmente.” Esa lucha es la misma que vivió Mansell empujando su Lotus; es la que enfrenta cada fundador cuando las cuentas no cuadran, el mercado se resiste o el equipo flaquea. Por eso, la constancia es solo una parte. Hace falta claridad financiera: controlar el flujo de caja y los impuestos es lo que permite avanzar sin frenos.
A eso se suma la estrategia de mercadeo y comunicación, que abre camino en la mente del consumidor y mantiene viva la promesa de la marca. Y nada de esto funciona sin un equipo sólido.
Un engranaje humano bien engrasado garantiza desempeño, crecimiento y resiliencia. Porque al final, una marca no es solo un logotipo ni un producto: es la voluntad colectiva de seguir adelante, día tras día, hasta cruzar cada meta.
Como escribió Guy Kawasaki en The Art of the Start: “El futuro pertenece a quienes empiezan hoy.” Y como Mansell en Texas, el secreto no es llegar primero: es no rendirse nunca.
Juanjo Marte
Director Creativo