Blog

La pasión por hacer las cosas bien: La selección de batatas

noviembre 12, 2025 0
branding coherencia de marca

Cuando decidimos filmar el cortometraje Batata, se nos ocurrió convivir durante unos días con el señor Víctor, un vendedor de batata asada con décadas en el oficio. Estuvimos a su lado cinco jornadas completas, respirando su rutina, para entender la conducta y la psicología detrás del hombre que todos conocían en su barrio.

 

Víctor se levantaba temprano. Con una taza de café en el alma, salía en su triciclo vacío, pero lleno de voluntad, desde La Ciénaga hasta el mal llamado Mercado Nuevo de la Duarte, en Capotillo, Distrito Nacional. El trayecto, de unos 4.5 kilómetros, era parte inseparable de su vida.

 

Lo acompañamos desde el primer día. En el camino pasamos por varios mercaditos que ofrecían batata, y asumí que no compraba allí porque saldrían más caras. Guardé silencio y dejé que la cotidianidad siguiera su curso. Al llegar al Mercado Nuevo, visitó tres establecimientos.

En cada uno revisaba los tubérculos con la meticulosidad de un vinicultor que examina sus uvas. Escogió pocas, las montó en su triciclo, estrechó la mano de cada suplidor y nos marchamos.

Me sorprendió la poca cantidad de batatas que había cargado y, de regreso a 

La Ciénaga, no aguanté la curiosidad:

—¿Le faltó dinero? —pregunté.

Víctor sonrió.

—No, el dinero no es problema. Si no tengo, ellos me fían; llevo muchos años comprándoles y saben qué producto busco. Lo que pasa es que el tipo de batata que yo compro no estaba hoy. Me dijeron que mañana llega.

—¿Y usted va a volver mañana, de nuevo hasta allá?

—Claro. Esas son las batatas que yo uso. Las otras no me gustan, ni a mis clientes tampoco.

Y volvió. Repitió los mismos 4.5 kilómetros al día siguiente, solo para cumplir su promesa tácita con quienes le compran. Esta vez, los suplidores honraron lo dicho y las batatas correctas llegaron.

Intrigado, le pregunté:

—¿Entonces no compra en los mercados más cercanos porque son más caros o porque no tienen las que le gustan?

 

Víctor fue categórico:

 

—No se las compro porque venden el tipo de batata que yo no uso. Sí, esas son más baratas. Pero mis clientes ya me conocen y me recomiendan. Si les varío el sabor, les falto el respeto a ellos y a mi profesión. Cuando me ven, saben que será el mismo sabor de siempre.


Ese día comprendí que no todas las batatas son iguales. Y que para Víctor, caminar dos veces la misma ruta de 4.5 kilómetros tenía más valor que ahorrar unos pesos o ahorrar tiempo: significaba defender la autenticidad, la confianza y el sabor que lo acompañaban desde siempre.

Desarrollo

La historia de don Víctor es, en esencia, la historia de una marca auténtica. Su compromiso no está solo en vender un producto, sino en respetar su identidad, honrar a su mercado y mantenerse fiel a una filosofía.

 

Compromiso con la identidad

Así como don Víctor no cambia su batata por una más barata, las marcas deben proteger su esencia. La identidad es la promesa silenciosa que hacen a quienes las eligen. No se trata únicamente de un logo o de un empaque, sino de la consistencia entre lo que se dice y lo que se ofrece. Una identidad firme construye confianza y credibilidad.

 

Compromiso con el mercado

El cliente reconoce, recomienda y regresa porque sabe qué esperar. Alterar esa experiencia sería una falta de respeto. Lo mismo ocurre con las marcas: su compromiso con el mercado es escuchar, entender y mantener la coherencia en el valor que entregan. Respetar al mercado es construir relaciones de confianza, clave en cualquier estrategia de branding y marketing digital.

 

Compromiso con la filosofía

La filosofía de don Víctor es simple pero poderosa: hacer las cosas bien, aunque implique recorrer kilómetros extra. Una marca con prósito que abraza su filosofía y no la negocia, logra permanecer más allá de modas y crisis. Su filosofía es el faro que orienta decisiones, incluso cuando parecen más difíciles o menos rentables en el corto plazo.

Conclusión

La lección es clara: las marcas —ya sean grandes corporaciones o un triciclo de batata asada— sobreviven cuando defienden la calidad de su producto y la constancia de su promesa.

Las marcas que perduran no son las que gritan más fuerte, sino las que actúan con responsabilidad y coherencia. La enseñanza de don Víctor es evidente: respetar la identidad, honrar al mercado y mantener la filosofía es el verdadero camino hacia la confianza y la permanencia.

Como decía Philip Kotler: “una marca es una promesa cumplida”.

Seth Godin lo complementa: “la gente no compra bienes y servicios, compra relaciones, historias y magia”.

Y David Ogilvy lo selló con su visión práctica: “la calidad de un producto es la mejor publicidad”.

Tres miradas distintas que se encuentran en una misma verdad: lo que buscamos en una marca —como en la batata asada de don Víctor— es reconocer siempre el sabor de lo auténtico.

En BUMO Studio, creemos que las marcas que cuidan su esencia, aplican una estrategia de branding coherente, y entienden el poder de la publicidad creativa y el marketing digital, son las que realmente dejan huella.

 

Juanjo Marte

Director Creativo

Haz un comentario